El uso de lentillas está tan extendido y tan normalizado que pensamos que todas las lentillas son iguales y que no suponen ningún riesgo para nuestros ojos. Y nada más lejos.
Hoy os contamos 4 cosas que seguro que no sabías sobre las lentes de contacto.
No todas son iguales, aunque lo parezcan. Cada lentilla tiene unos parámetros de tamaño y forma diferentes, como los zapatos, por lo que su movimiento y comportamiento en el ojo varía pudiendo afectar a la integridad del ojo. Por eso, las lentillas siempre deben ser adaptadas y revisadas periódicamente por un profesional.
Las lentillas privan de Oxígeno al ojo. Nuestra córnea es un órgano perfectamente transparente gracias a la ausencia de inervación sanguínea, esto significa que el O2 que precisa para sus funciones metabólicas lo consigue a través del aire. Las lentillas, aunque en baja medida, limitan el paso del O2 a la córnea, por lo que un uso indebido de ellas puede afectar a nuestra salud visual.
Y al igual que no todas las lentillas son iguales, lo mismo pasa con los líquidos de mantenimiento. Ni son iguales ni tienen las mismas funciones, por lo que es importante estudiar qué es lo más necesario para nuestra salud ocular y buscar el líquido más adecuado. Y después serle fiel, claro. El líquido es el responsable de la interacción ojo-lentilla y uno de los principales causantes de incomodidad con ellas. Hacednos caso y buscad uno bueno.
Y, por último, cuidado con el agua. Las lentillas nunca deben tocar el agua del grifo, playas o piscinas, pero por qué? Pues porque estas aguas llevan bacterias que pueden adherirse a las lentillas y causar numerosas infecciones que pueden llegar a poner en peligro nuestra visión. Para playas y piscinas siempre recomendamos lentillas diarias o sistemas de peróxido que desinfecten en profundidad.
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